Esto de los posts es como las cerezas, coges una y ya se engarzan entre ellas y no hay quien pare (“son cuatro pipas”, dirían los Cruz y Raya, pero enganchan). Hace unos días comentaba el origen holandés de la palabra escaparate al hilo de lo bien que se los cuida en los Países Bajos, en donde están considerados una forma de arte que, además, vende. Por su parte, el lunes me hacia eco de una reseña de José A. Millán sobre sesquilingüismo y respeto a la diversidad de las lenguas.
Pues hete aquí que hoy mismo se pone a la venta el último libro de Millán, una obra divulgativa sobre (sí, exactamente) etimología: El candidato melancolico. De dónde vienen las palabras, cómo viajan, por qué cambian y qué historias cuentan.
Os recomiendo vivamente que visitéis la página web del libro. En ella podemos leer la introducción y el primer capítulo (sobre etimología de los colores), y consultar las notas y la bibliografía.
E incluso participar en un concurso ad hoc la mar de interesante (yo ya lo he hecho).
Hay abierta también una bitácora, El blog de El candidato melancólico, que tiene una sección de comentarios. Suscribo las palabras del autor:
¿Por qué es interesante el estudio de la historia de las palabras? Los humanos estamos sumergidos en nuestra lengua como en el aire que respiramos, y sólo lo notamos cuando nos vemos fuera de ella. Tomar conciencia de la compleja maravilla que es la lengua que utilizamos casi sin darnos cuenta puede hacernos más deseosos de utilizarla bien, de explorar sus tesoros.



Muy interesante la referencia al libro y al nuevo sitio de de J. A. Millán.
También he participado en el concurso… Muy ocurrente!
Esperemos que la etimología se nos dé tan bien como la aritmética
Saludos.
Hombre, personalmente la etimología se me da bastante mejor que la aritmética (aunque esto no quiere decir mucho, teniendo en cuenta mis conocimientos de ésta). El problema lo veo más bien en que, al vivir fuera de España, no entramos en el sorteo de libros.
Las bases dicen que “entre los ganadores residentes en España
se sortearán dos lotes de libros. Dos de los ganadores residentes en otro país recibirán reconocimiento público en esta web.”
O sea, que somos aspirantes al reconocimiento público, pero el lote se lo van a dar otros.
José Antonio Millán, si llegas a leer estas páginas, ten piedad de nosotros, pobres expatriados con dificultades para pedir a España libros caros que, a veces, ni nos llegan.
Reconozco que la etimología era de las cosas que menos me atraía del estudio de la lengua… hasta que me acerqué a ello desde la filosofía, y la necesidad que muchas veces tiene la disciplina de emplear terminos no trillados. Las opciones, cuando uno se ve en esta necesidad, no son muchas: bien se le echa cara y se inventa un nuevo palabro (con resultados catastróficos la mayor parte de las veces, por no hablar de la oscuridad que añade al asunto), bien acude uno a la etimología de las palabras (del lado del significado, de lo que uno quiere decir), y echa mano de alguna raíz que actualizar, en plan alquimista. Aunque normalmente requiere mucho más trabajo, me parece que la segunda opción es más honesta, por no añadir además, más intuitiva. Pero bueno, el filósofo es es el que escribe algo que no entiende para que otro que tampoco lo comprende diga lo interesante que es, ¿no?
Pero bueno, finalmente tampoco se me da a mi muy bien eso de la etimología, así que he decidido no participar en el concurso de Jose Antonio Millán… de todas formas no voy a ganar los libros, porque no resido en España, y de reconocimiento público ando “sobrao” en mi casa…
Bienvenido, David. Ya sabes que tus comentarios siempre serán bienvenidos.
A mí me gusta mucho la etimología. Entre otros motivos, por lo que dice Millán en la cita que reproduzco en el post.
Pero también me encanta la etimología imaginaria. En fin, eso que algunos llamarán etimología pero que yo llamo “mentalismo”.
Un saludo.
Ah, yo también ando muy “sobrao” de reconocimiento en mi casa, gracias a Dios.
Pues qué suerte tenéis los dos!
Los míos no se prodigan mucho en halagos, aunque he de reconocer que se lo pongo difícil…
Algún familiar me ha definido incluso como “pánfila”. Claro que a mí casi me suena elogioso… (llevo media vida en Grecia). Y es que en esta vida, el que no se consuela es porque no quiere!
¿Seré “mentalista” sin saberlo?
La etimología de “pánfilo, -a” me parece muy interesante. Eso de que “querido, -a por todos” se considere un insulto es uno de esos grandes destellos de inteligencia de la lengua española.
!Ay de aquél que no tiene enemigos!
[...] Hace unos días comentaba la aparición del nuevo y magnífico libro de José Antonio Millán, ese gran divulgador de cuantos temas relacionados con la lengua española puedan tener interés. Después de la trágica y triste muerte de José Ramón Lodares, Millán se mantiene firme en el rigor y en la amenidad de sus iniciativas. A veces los dioses se lleb¡van demasiado pronto a los mejores. [...]